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“Debo confesar que he vivido” dijo Neruda, no me acuerdo cuando.
Cuando pienso en esa oración puedo detenerme en cada palabra. “Debo” igual a obligación, compromiso, responsabilidad, contrato. Algo que necesariamente tiene que darse por hecho, para dar una razón lógica a la explicación de lo que viene a continuación. “Confesar”, decir la verdad, ser realista, ser honesto, exponer la razón, esa razón que va a transmitir el concepto de que “he vivido”. En pasado, ya “he” y ahora no. Es decir ya “he” hecho todo lo que tenía que hacer por lo tanto no tengo por qué vivir más. Ya “he” dicho todo lo que tenía que decir, lo que tenía que aprender, lo que tenía que enseñar, lo que tenía que amar, lo que tenía que sentir y tener y hacer y sobre todo SER. Al haber “vivido” puedo dar por terminada una etapa que me comprometí a cumplir y que ya no tiene sentido seguirla viviendo.
Y ahí pienso. Y ahí me detengo. Porque me quitó toda razón para justificar qué fue lo que “he vivido”. Y surgen las preg…
Hoy te dejo ser oscura, dejar que salgan todas las palabras mediocres, los sentimientos amargos Hoy te permito ser llanto, dejar que salgan los improperios más bajos, las emociones más gélidas Hoy te consiento que tu sombra destaque, dejo que el desconcierto se apodere de tus ojos
Porque callar duele, los silencios se estropean, se perturban.
Si nos ponemos a pensar detenidamente, la conclusión que sacamos es que desconocemos mucho más de lo que imaginamos. Nuestro medio de comunicación verbal es muy limitado, por lo que también limita nuestro conocimiento, en todos los sentidos. Quedamos inmersos en creencias que son inculcadas desde que nacemos, y actuamos en base a eso. Estamos dentro de un cubo, donde solo hay límites que alteran nuestra libertad de elegir. Creemos que algo es así, porque nos dijeron, porque nos mostraron que es así, por más que la curiosidad vaya un poco más allá, siempre va a estar entre dos espacios: lo que creemos, y la verdad. Creemos que esa es LA verdad, estamos influenciados por el contexto de donde somos y no hay forma de salir de eso. Entonces, lo más sensato es creer que más allá de esa realidad propia, hay algo más. De lo contrario estamos sujetos a estar siempre en respuestas concretas, sin la posibilidad de llegar a ideas más confusas, pero ilimitadas. Creemos que sabemos y nos quedamos quie…

Indiferencia

Somos humanos en estado indiferente Indiferentes a lo que pasa alrededor Indiferentes al dolor ajeno Indiferentes al compromiso con el otro Indiferentes a la verdad, a la sinceridad Somos humanos indiferentes a nosotros mismos Indiferentes al silencio que nos apaga Indiferentes a los llamados de atención Indiferentes a la tristeza de un amigo Indiferentes al que tropezamos en la calle Indiferentes a las acciones de amor
Somos humanos indiferentes a la humanidad
Nada está escrito, ni decidido. No hay categorías, ni clases. Hay personas.
Las hay que buscan más y las hay que se conforman.
¿Cuál es la diferencia entre ellas? a veces, muy poco, cinco minutos de paciencia… Tal vez un impulso, un minuto de pensamientos o una tarde de charla con un amigo y un café para sacar las lágrimas acumuladas y los pensamientos que queman…

Otras veces, lo que nos impide cambiar es una infancia sin guía, una soledad espesa arraigada a un pasado resistente, una sensación de nunca llegar a pesar de pasarse la vida corriendo.
No estamos determinados, ni debemos estar sometidos. Nuestro tiempo es este… La decisión es nuestra.

En muchas ocasiones, nos esforzamos tanto en no admitir y no querer ver, que con la misma energía y determinación podríamos solucionar el problema en lugar de evitarlo.
Inventamos excusas continuamente.
Tal vez, por las ganas de sacarnos de dentro esa insoportable sensación de frustración y la necesidad de gritar que implica la rabia que se nos atrav…
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La hora gris, donde la luna y el sol se descubren Donde nada es color El silencio es perpetuo y la bruma estremece La hora gris, donde los pasos se hacen eco Donde eternidad es un instante El crepitar de las piedras incita los miedos La hora gris, donde duermes y despiertas Donde se muere y se nace Se llega al fin, pero comienza La hora gris, solo un momento que da vida. O muerte.

Lo que dispara el tiempo es la incertidumbre a la que nos acostumbramos cuando amanecemos en la orilla del abismo. Las constantes estrategias que damos a los que nos persiguen durante la noche infernal que transforma los momentos de melancolía en instantes etéreos, hacen que nuestros pensamientos se momifiquen como gélidos abrazos.
Si un momento que cruzamos a ese espacio gris, alguien nos dijera que nuestra propia sombra nos dejaría abandonada, no insistiríamos en ir, porque quisiéramos que hasta ella se mantuviera petrificada en nuestros sentidos básicos.