martes, 22 de marzo de 2016

“Debo confesar que he vivido” dijo Neruda, no me acuerdo cuando.

Cuando pienso en esa oración puedo detenerme en cada palabra. “Debo” igual a obligación, compromiso, responsabilidad, contrato. Algo que necesariamente tiene que darse por hecho, para dar una razón lógica a la explicación de lo que viene a continuación. “Confesar”, decir la verdad, ser realista, ser honesto, exponer la razón, esa razón que va a transmitir el concepto de que “he vivido”. En pasado, ya “he” y ahora no. Es decir ya “he” hecho todo lo que tenía que hacer por lo tanto no tengo por qué vivir más. Ya “he” dicho todo lo que tenía que decir, lo que tenía que aprender, lo que tenía que enseñar, lo que tenía que amar, lo que tenía que sentir y tener y hacer y sobre todo SER. Al haber “vivido” puedo dar por terminada una etapa que me comprometí a cumplir y que ya no tiene sentido seguirla viviendo.

Y ahí pienso. Y ahí me detengo. Porque me quitó toda razón para justificar qué fue lo que “he vivido”. Y surgen las preguntas ultra subjetivas (por no decir existencialistas que ya ha perdido su deseo de existir), si lo que hice me llenó las expectativas, si colmé mis conocimientos, si amé lo suficiente, si sentí todo lo que podía sentir, si aprendí todo lo que necesitaba saber, si me dieron todas las posibilidades para progresar y las satisfice, si descubrí cada rincón de este mundo de ideologías, pensamientos, culturas, investigaciones, razones, juicios, valores. ¿Habré llenado la lista de intereses y obligaciones y habré marcado cada una de ellas como “realizadas”? ¿Cuál es el porcentaje positivo de todo eso y de tanto más que no me cabe imaginar? A qué porcentaje debo llegar para decir que “he vivido”. No bastan los años, eso es más que tonto afirmar que una persona de 100 años vivió más que una de 25.

Yo tengo mi respuesta. Sé lo que he vivido, lo que he aprendido, lo que he enseñado, lo que he sentido y tanto más. Puedo decir con vehemencia que no puedo “confesar que he vivido”. Entonces es hora de empezar a hacerlo, porque el fin de esta historia no creo que sea consciente de poder determinar si “he vivido” o no para dar por concluida la vida misma. 

miércoles, 2 de marzo de 2016

Hoy te dejo ser oscura, dejar que salgan todas las palabras mediocres, los sentimientos amargos
Hoy te permito ser llanto, dejar que salgan los improperios más bajos, las emociones más gélidas
Hoy te consiento que tu sombra destaque, dejo que el desconcierto se apodere de tus ojos

Porque callar duele, los silencios se estropean, se perturban.